LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD MORAL
Autodeterminismo, determinismo e inderterminismo: concepciones sobre la libertad
Se dice que el hombre a lo largo de la historia ha luchado denodadamente
por su libertad. Pero, ¿qué significa ser libre? Para comenzar con esta
reflexión, podemos decir que la libertad se ha venido
entendiendo en dos sentidos: como libertad cotidiana;
y como revocación de toda forma de dominación.
La libertad, concebida en el primer sentido está
fundada en la experiencia cotidiana de poder decidir
entre hacer algo o dejar de hacerlo; por ejemplo, cuando
digo “yo hago lo que quiero”, “yo quiero hacer tal
cosa”, “yo puedo seguir leyendo o dormir”, “yo puedo
levantar los brazos o tenerlos cruzados”, etc. Se trata de
una libertad entendida como: “el ser humano es libre
de hacer lo que le plazca”.
En el segundo sentido, la libertad concebida como
revocación de toda forma de dominación, significa que
se es libre cuando no se tiene encima de sí alguien que le
oprima, le explote, le domine de alguna manera. Como
ejemplo de este tipo de libertad tenemos las siguientes
expresiones: “Soy libre para tomar mis propias decisiones
con un sentido de responsabilidad”, “soy libre
para determinar mi propio proyecto de vida”, “soy,
finalmente yo mismo, la fuente de mis propias decisiones”, etcétera.
Estamos hablando de dos sentidos generales que toma el concepto
de libertad: libertad en sentido positivo; libertad de hacer lo que se quiere,
lo que se desea, aquello de lo que se tiene voluntad, o hacer también lo
necesario para revocar cualquier forma de dominación que nos impida
actuar libremente.
¿Esto último significa que se puede ser libre de forma absoluta? O
bien, ¿el hombre sólo puede ser libre dentro de ciertas circunstancias y
situaciones? ¿Existe la libertad en sí? O, ¿sólo existe una libertad parcial,
situacional, contextuada?
Para responder a cada una de estas interrogantes, vayamos por
partes. En primer lugar, la libertad entendida como libertad cotidiana,
sustentada en la frase “el ser humano es libre de hacer lo que le plazca”
ofrece algunas dificultades. En realidad, la experiencia nos dice que en
muchas ocasiones no podemos ser libres de hacer lo que nosotros queramos,
por ejemplo, volar como la hace un avión, correr a la velocidad
que lo hace un jet, ocupar dos espacios distintos simultáneamente, etc.
Digamos que, humanamente, estamos imposibilitados para ser libres en
este sentido. ¿Esto significa que la libertad, en sentido estricto, absoluto,
es algo imposible? ¿La libertad es relativa? ¿Cuándo estamos en condiciones
de afirmar que somos efectivamente libres?
La filosofía, en tanto disciplina humanística ha tratado de dar
respuesta a éstas y otras interrogantes que nos remiten directamente al
problema de la condición humana llamada libertad. A lo largo del tiempo
han surgido tres posiciones filosóficas que tratan de dar respuesta
al problema de la libertad: autodeterminismo, deterninismo e indeterminismo.
De acuerdo con Laura Pérez Vázquez, cuando se afirma que el
hombre, y nadie más que él, constituye la fuente única de sus propias
decisiones, estamos hablando de la postura filosófica llamada autodeterminismo;
por su parte, cuando consideramos que siempre hay algo detrás
de nuestras decisiones, ello tiene que ver con la postura determinista, y,
finalmente, cuando suponemos que todas las cosas suceden por azar,
incluyendo por supuesto, a nuestras acciones, estamos hablando de la
postura indeterminista. En los casos del determinismo e indeterminismo, la libertad absoluta
se vuelve algo imposible. Para el determinismo, la libertad resulta algo
sumamente difícil, pues, cualquier decisión que el hombre tome estará
determinada por algo externo, y no dependerá del mismo. Por su parte,
para el indeterminismo, en tanto todas las cosas ocurren por azar, no
queda espacio para la libertad, ya que una condición necesaria para que
ésta se dé, es que haya algo que cause las decisiones, a saber, la voluntad
del hombre mismo.
Finalmente, el autodeterminismo se presenta como una de las posturas
más sugerentes y consistentes en torno al problema de la libertad.
Desde esta perspectiva no se niega ni el determinismo ni el indeterminismo.
La acción del hombre se encuentra de alguna forma determinada
por causas externas a la voluntad humana; se reconoce la presencia del
azar formando parte de las acciones humanas, sin embargo, el autodeterminismo
considera que, a pesar de ello, en el hombre siempre hay
un margen para la decisión, en una palabra, que podemos ser libres en
situaciones específicas. Bajo esta concepción ética, “el hombre es origen
de sus decisiones”.
No cuando cree decidir aparentemente, y realmente no decide, sino
cuando realmente decide por sí mismo y se convierte en el referente
único de sus propias decisiones.
La libertad consiste, entonces, en este proceso de autodeterminación,
en donde el hombre no decide de forma aparente, sino de manera
real. Creer decidir aparentemente significa, por un lado, creer que uno
decide por uno mismo, cuando en realidad no es así. Por ejemplo, cuando
a un niño se le pide elegir entre tomar un refresco o agua natural, después
de haberlo convencido su padre de las ventajas que tiene tomar agua
natural y no refresco. El niño parece decidir entre una cosa y la otra,
pero en realidad es el padre el que ha decidido por él.
Ser libre, en sentido estricto, significa decidir realmente por uno
mismo. Pero, ¿qué nos garantiza el tener una verdadera decisión? ¿Cómo
podemos saber que nuestras decisiones son reales y no aparentes? En
primer término, debemos tener conciencia de que somos nosotros mismos
y no otros los que están decidiendo; en segundo término, hacernos
responsables de las consecuencias de nuestras decisiones, y en tercer
lugar, nuestras decisiones deben conducirnos a ser más humanos y a
reconocer en los otros sujetos libres. De esta manera es posible la libertad.
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